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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Don Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en ocasión del 92 Aniversario del Periódico El Universal, en la Basílica de Guadalupe.

    26 de septiembre de 2008

Muy  queridos hermanos, fieles laicos de Cristo Jesús, queridos hermanos de este venerable Cabildo de Guadalupe. Me da una gran alegría el poder acompañar a todos ustedes que trabajan en el gran diario de México, en El Universal.  Acompañarlos en esta peregrinación en donde vienen en primer lugar a contemplar a la Señora del Cielo.

Los judíos por mucho tiempo esperaban al Salvador, esperaban al Mesías, al ungido. Cuando llega Jesús ven a un hombre como los demás hombres. Es cierto, les llama la atención su predicación, los signos que va haciendo; pero se preguntan: ¿quién será este?  Y un día Jesús, a solas con sus discípulos, Él mismo les pregunta: ¿quién dice la gente que soy yo?  Y hay respuestas muy variadas. Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que Elías o alguno de los antiguos profetas. Es muy fácil dar una opinión de otro.  

¿Qué dice la gente de nuestro tiempo de Jesucristo?  Hemos oído para unos Jesucristo es una superestrella. Para otros simplemente es un guerrillero. Para otros un taumaturgo que aprendió ciencias ocultas en el Lejano Oriente, etc. Se pueden dar muchas respuestas.

Pero Jesús les pregunta de manera más directa y ¿ustedes quién dicen que soy yo? Tú eres el Mesías de Dios, le responde Pedro a nombre de los demás discípulos.  Esta es la fe de la Iglesia.  Pedro que hace cabeza entre los discípulos del Señor responde por todos: Tú eres el Mesías de Dios, el ungido de Dios. O en expresión de otro Evangelista tú es eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Esa es la fe de la Iglesia.

Nosotros, cuando contemplamos a Nuestra Señora, quizá nos hacemos la misma pregunta que se hacían los contemporáneos del gran acontecimiento guadalupano. ¿Quién es esta s
Señora?  No es Tonantzin. Ella no es diosa, Ella no viene a pedir sacrificios. ¿Quién es? El humilde Juan Diego va contando lo que él recibió: es la madre del verdadero Dios por quien se vive. Y contemplando la imagen que dejó en su tilma, los contemporáneos de Juan Diego por ellos mismos veían lo que nosotros podemos ver hasta nuestros días. Ella ciertamente no es Dios, pero trae en su seno al Hijo de Dios. Al Sol que tanto estaban esperando, cuando ya vivían en la desesperación porque estaba por terminar su historia, estaba por terminar el ciclo. Y aparece la Señora del Cielo con el Sol en su seno, el Quinto Sol. 

Empiezan a nacer una gran esperanza, empieza a nacer un gran proyecto. Empiezan a reconocer en aquella Señora que aparece en estos lugares a la verdadera Madre del Dios por quien se vive.  Al nuevo sol de Justicia, a ese Sol que estaban esperando con ansía pero que parecía que ya no llegaba. Y la Señora lo trae en su seno y viene a mostrarlo a todos los moradores de esta tierra. Por eso desde hace 477 años el pueblo mexicano acude con gran devoción a reconocer, sí, a Santa María de Guadalupe, a oír su mensaje; pero sobre todo a adorar a Aquel que viene en sus entrañas, al Cristo, al Hijo de Dios vivo.

Hermanos y hermanas, estos momentos, nuestra patria, nuestro México, vive momentos muy especiales y tenemos que pedirle la sabiduría a Dios para saber qué hacer. Todos podemos hacer algo. Como acabamos de escuchar, ningún hombre es capaz de hacerlo todo. Pero todos podemos hacer algo por nuestra patria en estos momentos tan difíciles. Momentos difíciles, porque la violencia ha crecido. Momentos difíciles, porque muchos de nuestros valores ya no los tenemos. Momentos difíciles, porque suceden situaciones en otras partes del mundo que nos pueden afectar fuertemente. Son momentos en que ningún mexicano puede regatearle nada a México.

Acabamos de escuchar en el libro del Qohelet: Hay tiempos de nacer y hay tiempos de morir. Hay tiempos de edificar y hay tiempos de derrumbar. Nosotros tenemos que saber con certeza, por eso le pedimos la sabiduría a Dios, qué es lo que nos pide en estos momentos, para nosotros mismos, para nuestras familias, para nuestra patria. Ciertamente no nos va a pedir el odio, cuando vemos que ese odio va creciendo. Nos pedirá reconciliación. No nos pedirá luchas fraticidas; sino fraternidad. No nos pedirá que nos quedemos paralizados ante la problemática; sino contribuir cada uno con las capacidades, con los medios que Dios ha puesto en nuestras manos para que México sea la casa de todos, en donde todos podamos convivir en paz.

Hoy que nos presentamos a contemplar a la Señora del Cielo, pidamos que ese Sol, que trae en sus entrañas nos ilumine, nos dé una verdadera luz para tomar el camino correcto. Cada quien tiene una responsabilidad. Por supuesto, todos ustedes, los que trabajan en los medios de comunicación, tienen una gran responsabilidad y a México no le pueden regatear nada. No se trata de trabajar para una persona en particular, ni siquiera para un partido. Se trata de que trabajemos todos y contribuyamos todos y de que todos pongamos algo para que nuestro México cambie. Y seamos dignos de los mexicanos.

 
 
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